3 alarmas educativas (que todo padre debe conocer)

5513d76930c54_1126726_35506942Hoy quiero hablarte de 3 síntomas problemáticos que se pueden dar en los estudios de nuestros hijos y 3 claves para solucionarlos. Para ello quiero partir del concepto de alarma. Como ya sabes, las alarmas, normalmente, despiertan nuestra atención. Utilizamos la alarma del reloj para despertarnos por la mañana, la alarma del coche o de la casa para avisar ante un posible robo, la alarma del horno para evitar que la comida se nos queme, etc… ¿Yo también tengo una alarma? Sí. Nuestros cuerpos nos alarman también ante posibles peligros. Por ejemplo, un dolor de muelas te alarma de que, al menos, tienes una muela picada. Un dolor de cabeza puede ser una aviso de estrés, un dolor muscular puede ser un aviso de lesión… Tu estado de ánimo y tu voluntad también emiten síntomas que pueden ser alarmantes o no. No reconocerlos te puede ocasionar problemas (y dolores) mayores. ¿Qué tiene que ver esto con el desempeño que mi hijo desarrolla en los estudios? Mucho. Quiero ser breve y mencionarte 3 síntomas (o alarmas) que deben llamar tu atención si se repiten de manera continua:   1) Todo va siempre absolutamente bien. Esta es la fase en la que el dolor apenas se percibe. Para entendernos, la muela comienza a picarse a causa de un exceso de azúcares artificiales y la ausencia de limpieza adecuada. En nuestro caso, nuestro hijo no lleva un estudio adecuado, no realiza las taras obligatorias pero todavía es pronto como para que nos demos cuenta. Apenas acaba de comenzar el curso y no tenemos muchas referencias con las que comparar. Este podría ser un ejemplo de conversación: -¿Qué tal el día? -Bien todo. -¿Tienes deberes? -No -¿Has estudiado? -No tengo examen, acabamos de empezar. -¿No tienes nada que hacer? -No, es que el profesor no explica mucho. Alarma: autoengaño. Cuanto antes  hagamos caso a esta primera alarma será mucho mejor. Es imposible, y repito IM-PO-SI-BLE que no haya nada que hacer, ni siquiera aunque estemos en inicio de curso. Hay una gran razón de peso: Puedo aceptar que uno, dos y hasta tres profesores no hayan mandado tareas, pero… ¿qué pasa con el resto? Hablamos de muchas asignaturas. ¿Es que nadie ha mandado nada? Una solución Asistir a la primera reunión con el tutor te ayudará a saber quiénes son los profesores de cada materia, cuál es el sistema de trabajo que se siguen y cuáles los criterios de calificación. En caso de que la reunión de presentación ya haya pasado, puedes pedir una cita con el mismo para comentarle que vas a estar más pendiente del trabajo diario de tu hijo y agradecerías que, al mismo tiempo, se te notificará cualquier posible incidencia.   2) No necesito ayuda nunca Esta es la fase en la que el alumno percibe cierto dolor moderado pero no te lo comunica porque no quiere alarmarte. Sabe que si te comunica alguna mala nota, tú puedes quitarle algunos privilegios de los que disfruta y… qué quieres que te diga, ¿para qué te voy a avisar de que he suspendido el primer control de lengua si hoy es viernes? Si te lo digo, menudo fin de semana me espera. Además, es mas fácil pensar que ha sido un leve tropezón, estudiaré más para el próximo examen y remontaré (piensa él). Alarma: mentira Una vez que uno ha pasado por el primer paso, el autoengaño, el siguiente paso es pan comido: engañar a los demás. Si me engaño a mí mismo ¿cómo no voy a engañar a los demás? Tienes que estar muy fino para detectar esta alarma. Me explico, la mentira aquí no suele ser lo que entendemos tradicionalmente por mentira: ausencia de verdad. Mas bien suele ser mas sutil, es decir, te cuento la verdad que me interesa. Por ejemplo: me han preguntado en clase por un ejercicio y lo tenía hecho (te informo), he hecho una prueba corta que vale un diez por ciento de la nota y la he aprobado con un 6 (te informo). También me han dado el resultado del parcial que vale un treinta por ciento de la nota, pero lo he suspendido con un 3: NO TE INFORMO. ¿Con qué sensación te quedas tú? Con la sensación de que todo marcha bien. Te ha informado de dos notas positivas, “parece que esto funciona” (piensas). Una solución a) Debes tener bien claros cuáles son los criterios de calificación de cada materia. En otras palabras, cómo se va a evaluar el trabajo de tu hijo, qué es lo que cada profesor va a exigir y cuánto vale (en el total de la nota) cada prueba, examen, trabajo, ejercicio y actitud. b) No debes olvidarte de que el tiempo pasa rápido. Aun en el caso de tener buenas noticias, puedes preguntar por el resultado de aquellas pruebas que no te han dado: -¿Qué tal hijo, te han dado algún resultado? -Sí, hoy me ha preguntado el profe  y he hecho bien el ejercicio. Además me ha dicho que sacado un 6 en una prueba. -¿Qué prueba es esa, es una prueba sencilla, un control parcial…?   3) A nadie le importa lo que me ocurre Esta es la fase en la que el alumno tiene un “fuerte dolor de muelas”. Prácticamente no puede negar que la muela está picada y tendrá que ir al dentista. Los resultados no se pueden negar porque ya no los puede cambiar. Independientemente de lo que el alumno diga, los malos resultados académicos escritos en el boletín hablan mas alto. Alarma: compadecerse de sí mismo Este es el momento en que posiblemente te empezará a recordar lo que los profesores deberíamos haber hecho, lo que los cocineros del comedor deberían haber hecho, lo que el personal de servicio del centro tendría que haber hecho y, finalmente, lo que tú tendrías que haber hecho. En resumen, te está diciendo: “todos me  habéis fallado, ¿qué podía hacer yo?”. Una solución No cabe duda de que todos nos equivocamos y, cuando digo todos, incluyo a los docentes también. Cada uno, según su lugar, desempeña una función importante en la labor educativa. Sin embargo, cargar las tintas siempre sobre los demás, al mismo tiempo que me excluyo como alumno de la ecuación que ha producido los malos resultados, no es la mejor opción. Como habrás observado, en general, progresamos más cuando reconocemos con sinceridad aquello en lo que podemos mejorar. Compadecernos no nos ayudará a progresar en los estudios. Reconocer cada uno su parte en el error, sí. Una entrevista en la que coincidan padres, alumno y tutor puede ser un buen punto de partida para ver qué es lo que cada uno puede aportar con el fin de que determinados errores no se vuelvan a repetir: mas vale prevenir que “currar” el doble después.
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