A Dios o al César

Rev. Andrés Casanueva

“Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” es una de las tantas enseñanzas de Jesús sacadas de contexto o interpretadas erróneamente, tratando de justificar que hombres y mujeres de fe no participen de la vida cívica, y ni siquiera opinen. Esto lo escucho cada vez que damos una opinión sobre temas contingentes. Se nos permite vivir nuestras vidas mientras se “tolera” a medias nuestras creencias, a menos que éstas se interpongan con el “avance” de la sociedad. Por cierto que la frase “para esto se ganó la democracia” aduciendo a que todos tienen derecho a opinar, es sólo un eufemismo.

Volvamos a la declaración inicial: recordemos primero que la pregunta a Jesús fue echa para tentarle, para “hacerlo caer” según diríamos hoy. Pero Jesús no sólo no cayó en la sutileza de la trampa de aquellos que como hoy, quieren separar las cosas haciendo a los hombres vivir en dimensiones disimiles y hasta opuestas, sino que estableció un principio fundamental.

El principio ineludible es que el César representa al poder temporal, terreno y efímero, y por tanto sujeto a un sin fin de condiciones y circunstancias, algunas posibles de controlar pero la mayoría no; en tanto que Dios no representa algo, sino que es Alguien personal que está por sobre la inventiva humana, es atemporal, infinitamente superior al hombre, y además eterno, y por tanto no sujeto a condiciones ni circunstancias que afectan el devenir humano.

Ahora bien, que las personas acepten o no a Cristo, rechacen o no la idea de un Dios personal y real, no modifica en lo absoluto la esencia de quien es la esencia de todo. En Cristo se encarna un ser completo e integral que no vive sólo en dimensiones.

Por tanto cuando en el país o el mundo, los Estados rechazan los preceptos de Dios y por ende las enseñanzas sobre las cuales los cristianos, con todas nuestras falibles conductas, nos guiamos, lo que rechazan es a Dios mismo y la integralidad del ser. Pero ello no debería ser motivo para comenzar una guerra santa que implique violencia de ningún tipo. Muy por el contrario, sabiendo que las leyes que se siguen impulsando atentan contra nuestras creencias, enseñanzas y vidas seguirán avanzando, nosotros debemos seguir viviendo de manera integral la fe.

Nuestra conclusión será entonces, como dice Piper “Dad al César lo de él (lo que él cree que le pertenece) y a Dios lo suyo, debe exaltar la supremacía de Dios y Cristo sobre todos los poderes terrenales. Dios así nos libera para vivir en este mundo como ciudadanos de otro reino, no huyendo, no conformándonos, sino viviendo el efecto radical que provoca en nosotros incluso el oponernos al Estado”.

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