Aceptando lo inaceptable

Rev. Andrés Casanueva

“Nos parece que es inaceptable” fueron las palabras de la Presidenta Bachelet sobre la colusión entre supermercados para establecer el precio del pollo. Y sin duda que es inaceptable. Pero eso en el país imaginario que creemos ser, quel en que no existe corrupción; el Estado siempre busca el bienestar público; los políticos sirven por vocación y son  tratados igual que el resto del pueblo; no hay privilegios; los indígenas se quejan por nada; no hay intereses mezquinos entre funcionarios públicos; los empresarios son jaguares; las autoridades designadas están conectadas con la realidad de la gente; no existe ni atisbos de terrorismo; la gente duerme tranquila y sólo son grupos de delincuentes que buscan hacer lo suyo; la justicia es ecuánime y existe igualdad ante la ley; las listas de espera son invención de las oposiciones de turno; se respeta la vida desde antes del nacimiento y los derechos de las personas no son vulnerados; los casos de abuso a menores y violencia hacia la mujer son aislados; nadie se aprovecha del otro y somos un país ejemplar, mostrando hacia fuera que somos confiables.

En el país real en que vivimos, sin embargo, el de aquellos que dicen no aceptar cuestiones graves pero que hacen la vista gorda día a día cuando les llega muy cerca; se enteran por la prensa pensando que este es un país de gente con retardo mental; se coluden para que grupos ínfimos pero de gran poder (porque ellos mismos les han dado poder y espacios) manejen la agenda económica, social, política, comunicacional y hasta valórica.

Por favor, si queremos ser honestos, dejémonos de mentir entre nosotros. Desde la Presidenta y hasta el ultimo peatón, dejémonos de mirarnos las caras sonriendo en lugar de sonrojarnos, y paremos el asunto de decir que las cosas son inaceptables cuando las seguimos aceptando.

Me parece que aunque se siga diciendo que no debemos aceptar lo que se nos hace cada día más normal, nada va a cambiar. Necesitamos valentía para enfrentarlo y realizar cambios hoy que evitarán situaciones futuras y consecuencias nefastas.

Si hay algo que un cristiano verdadero ha aprendido es a reconocer su realidad y no vivir en un mundo imaginario. Reconocemos que somos pecadores, que nuestra naturaleza humana tiende al mal, y que nada de lo hagamos por el bien está exento de maldad. Y por ello necesitamos a alguien superior y externo a quien podamos recurrir y confiar nuestras vidas para hacer un cambio desde adentro hacia fuera, que impregne todo el entramado social. Necesitamos ayuda en Dios.

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