Acogiendo al Extranjero

Rev. Andrès Casanueva. Pastor Anglicano

 

“Acoge al extranjero pues recuerda que extranjero fuiste”, mandata la Biblia al pueblo de Dios. Esta declaración se refería no sólo al trato solidario que debía dársele al forastero que llegaba ainsertarse a la vida del pueblo, sino además a mantener una actitud acogedora basada en una memoria presente, pues a este pueblo se le instruye sobre los decretos divinos cuando ya están viviendo estables en su tierra. No debían olvidar que un día ellos mismos habían sido extranjeros, aunque fuese cientos de años atrás.

Históricamente los países se dan reglamentaciones legales que todo ciudadano, así como todo foráneo debe respetar y cumplir en el país. Los cristianos que vivimos como peregrinos en esta tierra también debemos respetar y cumplir dichas leyes mientras no vayan contra los preceptos de Dios.

Pese a las leyes sobre inmigración implementadas en cada país, hay muchos grupos de ersonas para quienes las fronteras no existen, sonando sólo como bordes imaginarios. Las migraciones voluntarias o forzadas en la mayoría de los casos hacen que estas líneas afecten la vida de personas que sólo buscan un lugar donde vivir en paz y realizarse con la dignidad que Dios le ofrece a cada ser humano.

En nuestra región hoy vemos más extranjeros que ayer. En ocasiones converso con esforzados ecuatorianos que venden sus hermosos productos; con el excelente médico boliviano que atiende a pacientes chilenos con sincera vocación; con el economista cubano que es un aporte a la vida universitaria; con aquel haitiano que sin conocerle llevé en la Av. Caupolicán, descubriendo que buscaba un trabajo honesto como profesor de Inglés; o con el pastor colombiano que junto a su esposa e hijos vino a compartir su rica espiritualidad con los temuquense. Usted y yo podríamos mencionar a muchos más, y le aseguro que la mayoría de ellos siendo extranjeros son un aporte real a nuestra sociedad, y buscan una oportunidad digna de seguir aportando a nuestra diversidad.

Al tener presente que ninguno de los habitantes de esta región – Mapuche, chilenos, colonos y sus descendientes- surgió aquí por generación espontanea, deberíamos responder al llamado de Dios, no perdiendo la memoria de un día haber sido peregrinos, y por tanto cobijar al forastero en esta tierra que consideramos nuestra.

Para los cristianos la responsabilidad solidaria es mayor si consideramos nuestro propio pasado lejos del hogar del Padre y que hoy por su misericordia podemos disfrutar. Los extranjeros son una oportunidad y un llamado a la solidaridad y misericordia de parte de Dios a cada uno de nosotros.

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