Bullying: una realidad nada ajena a los evangélicos

Cualquier hecho diferencial es la “excusa” que toma el acosador, o los acosadores, para atacar a la víctima. El hecho de ser evangélico coloca a muchos niños y jóvenes en el punto de mira.

Los casos de bullying se pueden producir exactamente igual dentro de la iglesia como en cualquier otro contexto social y, de hecho, se producen. Esta es la realidad que comparte la psicóloga Lidia Martín quien, no obstante, matiza que los casos en iglesias evangélicas, por lo que a ella le consta, aún existiendo, son pocos.

El bullying, es decir, el acoso continuado que se infringe a un niño o adolescente por una o más personas de edades similares, se asocia mayormente a los centros escolares, pero la iglesia no es ajena a esta realidad, tanto por la existencia de casos dentro de las propias congregaciones como por la posibilidad de que un adolescente esté siendo víctima -o verdugo- de ese acoso en su ámbito educativo. En este sentido, cualquier hecho diferencial es la “excusa” que toma el acosador, o los acosadores, para atacar a la víctima. Por lo tanto, el hecho de ser evangélico coloca a los jóvenes de las iglesias en el punto de mira, de la misma manera que cualquier otro estudiante que tenga un rasgo distintivo respecto a la mayoría.

Dentro del ámbito eclesial, y desde el momento que se detecta una situación de este tipo, la psicóloga aboga por una colaboración entre la pastoral y profesionales del ámbito para atajar el acoso cuanto antes. El problema radica en que no existen demasiados precedentes en los que basarse, de manera que se suele trabajar por intuición, algo que puede acarrear que la situación se prolongue en el tiempo y se agraven las consecuencias. “La experiencia profesional es un valor” comenta Martín, que considera esta colaboración permite “anticipar obstáculos y atajar la situación de una forma más eficaz”.

TRECE AÑOS DESPUÉS DE JOKIN El caso de Jokin Ceberio, que en 2004 se quitó la vida con trece años, fue el que abrió los ojos a la sociedad española sobre esta situación dramática. Desde entonces hasta hoy, los casos que se denuncian siguen en aumento y ya existen protocolos para tratar de atajar esta situación en las escuelas, aunque no un Plan Nacional, como reclama la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar. Las situaciones de acoso continuado se pueden manifestar de diferentes maneras pero siempre tienen en común la existencia de un verdugo, una víctima y una situación que se prolonga en el tiempo.

TRECE AÑOS DESPUÉS DE JOKIN El caso de Jokin Ceberio, que en 2004 se quitó la vida con trece años, fue el que abrió los ojos a la sociedad española sobre esta situación dramática. Desde entonces hasta hoy, los casos que se denuncian siguen en aumento y ya existen protocolos para tratar de atajar esta situación en las escuelas, aunque no un Plan Nacional, como reclama la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar. Las situaciones de acoso continuado se pueden manifestar de diferentes maneras pero siempre tienen en común la existencia de un verdugo, una víctima y una situación que se prolonga en el tiempo.

La cruda realidad es que los casos que no se abordan a tiempo y de una manera adecuada pueden ir agravándose y degenerar hasta extremos de cuadros depresivos, ataques violentos muy graves, incluyendo el asesinato, o el suicidio; como ya se ha hecho público en algunas ocasiones.

“EL BULLYING NO QUEDA FUERA DE NUESTRAS CUATRO PAREDES” Con la finalidad de dar herramientas a la iglesia, el próximo encuentro de Psicólogos y Docentes evangélicos, que se celebrará del 24 al 26 de febrero en la localidad segoviana de San Rafael, abordará esta cuestión precisamente de la mano de la psicóloga Lídia Martín. La ponente destaca la importancia de que la iglesia esté bien preparada ante un problema de esta gravedad porque “la naturaleza humana, con todo lo que lleva consigo, no queda fuera de nuestras cuatro paredes”.

Un caso de bullying tiene, finalmente, un último factor determinante, que son los testigos. Si estos no se posicionan al lado de la víctima, son cómplices del agresor. Por este motivo, Martín reclama un compromiso “de todas las facciones de la sociedad, incluyendo la iglesia,” para no dar cobertura al bullying.

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