¿Debemos Involucrarnos?

Rev. Andrés Casanueva – Pastor Anglicano

Frente al empobrecimiento de la discusión política y la corrupción transversal, así como a intereses de grupos, la respuesta no parece ser “fortalecer” los mismos referentes partidistas existentes. Muchos piensan que la clave es la creación de nuevos partidos.

Sin duda la viciada normalidad política que enfrentamos, el abandono de las realidades regionales -pese a la verborrea electoral- y el descredito de los partidos, ha llevado a una sociedad hastiada de política coyuntural a crear nuevos referentes y creer que estos son la solución. Es lo que ha pasado también con un componente del mundo evangélico, que ha motivado en nuestra región a la creación de un partido con base evangélica inédito en Chile.

Sin embargo muchos dicen que los cristianos no debemos involucrarnos en política y ni siquiera debemos opinar. Claro, esperan que cumplamos nuestros compromisos cívicos pagando impuestos y votando. Pero me pregunto si ser responsables con nuestros compromisos ¿no nos da derecho a opinar?, y cuando se nos insta a votar, ¿no es acaso cada voto una opinión política?

Si le sumamos el que se quiere legislar en asuntos esenciales de nuestra fe (como el derecho a la vida) así como otros cotidianos, ¿no estamos acaso obligados a involucrarnos? Por cierto que sí.

Durante décadas en silencio hemos dejado que otros decidan por nosotros, y hoy vemos el resultado en una sociedad enferma con los abusos de poderosos, con imposición de desvalores que atentan contra la familia, con explotación indiscriminada del medio ambiente, con trato denigrante a minorías étnicas, con atropello avasallador a derechos humanos elementales (no me refiero al invento de derechos que tienen su base en ideologías hedonistas), con ataque a la dignidad y rol de mujeres y niños, con delincuencia elegante y brutal, con abusos continuos de autoridades políticas y religiosas, etc.

Ciertamente como cristianos debemos involucrarnos, sin intimidarnos siempre que nuestra reflexión sea profundamente cristológica hablando la verdad al poder. Pero debemos reconocer que la política no es nuestro primer llamado, sino la irrenunciable invitación a reconciliar al mundo con el Creador por medio de Cristo.

A partir de allí podemos y debemos involucrarnos en lo público, pero cuidando de no usar plataformas destinadas a la Palabra de Dios. Por tanto no debemos permitir que políticos de carrera o nuestros hermanos que han optado por esa vía, usen el púlpito para fines partidistas.

De la misma manera un pastor que se involucre activamente en política, debería dejar su investidura de lado, al menos temporalmente.

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