¿Deben los niños permanecer en el culto con los adultos?

El pastor John Piper recibe preguntas de algunos de sus oyentes de su programa: Ask Pastor John. A continuación está su respuesta a una de esas preguntas.

Robert de Columbia, Carolina del Sur, escribe para hacer la siguiente pregunta: “Pastor John, me pregunto si hay situaciones en las que un tiempo para niños —en aulas de escuela dominical, completamente aparte de la reunión dominical— sea necesario. Nuestra iglesia está lidiando con este tema, ya que muchas familias tienen bebés, otros tienen niños pequeños ruidosos caminando de un lado a otro, hay niños de 5 años que son traviesos, y tenemos tres niños de diferentes edades con necesidades especiales (autismo y síndrome de Down). El conflicto es: La mayoría de los padres quieren un descanso y por lo tanto desean que exista un tiempo separado para los niños durante el servicio de adultos, sin embargo, los que trabajan con los niños desean que estos estén en el servicio de adultos y se sienten limitados en su capacidad de controlar el comportamiento de los niños. ¿Qué debemos hacer?”

Espero que haya un líder fuerte en su iglesia porque los líderes débiles nunca serán capaces de hacer frente a la crítica que va a venir si usted trata de hacer lo que voy a sugerir. Cuando llegué a Bethlehem como pastor en 1980, uno de los primeros problemas con los que tuve que lidiar fue el tema de los niños en el servicio. No teníamos muchos, pero comenzaban a venir. Y la gente quería saber, ¿qué vamos a hacer? ¿Vamos a tener un sermón para los niños a la mitad, el pequeño retraso de tres minutos, donde los niños pasan al frente? ¿Vamos a tener una iglesia para niños y luego van a regresar cuando tengan 13 años, si es que no han desaparecido? O, ¿qué vamos a hacer?

Por lo tanto, mi esposa, Noel, y yo hicimos un equipo. Nosotros nunca hemos vuelto a hacer algo como esto. Nos unimos porque teníamos una convicción increíblemente fuerte sobre esto y apostamos nuestras vidas en ello.

Hicimos equipo y escribimos un artículo para nuestra gente argumentando que no íbamos a tener iglesia para niños y que no tendríamos mini sermones de niños en medio del servicio, sino que los padres u otros adultos responsables —si los niños no tenían padres Cristianos— traerían a sus niños al servicio a partir de los cuatro años de edad. Proveímos una guardería hasta esa edad y eventualmente esas guarderías, lo pongo entre comillas, “se volvieron tiempos de entrenamiento que estaban muy enfocados en Dios para ayudar a que los niños pequeños tuvieran una orientacion hacia Dios y estuvieran listos para asistir junto a mamá y papá al servicio de adultos”.

El artículo que escribimos se encuentra en el sitio web de Desiring God. Se llama, “The Family: Together in God’s Presence” (La Familia: Juntos en la presencia de Dios). Y voy a citar de él, pero voy a dejar fuera lo que todo el mundo quiere saber; es decir, ¿cómo controlar a los niños? Y esa es la parte que mi esposa escribió. Así que, si lo que digo aquí es al menos lo suficientemente desafiante para captar tu atención, ve a la página web y busca el artículo y lee lo que mi esposa dijo al respecto. Pero en realidad, creo que el gran problema esta en los conceptos de adoración y los conceptos de la crianza de los hijos y los conceptos de cómo se transmiten las cosas a los niños.

Por lo tanto, permítanme darles algunos pensamientos de ese artículo. La adoración centrada en Dios es sumamente importante en la vida familiar y en la vida de la iglesia. En mis 33 años de pastorado abordamos la hora de adoración del domingo con tremenda seriedad y diligencia y expectativa. Y no escuches esas palabras como antónimos de gozo. Imagínate gozo en verdad. Imagínate un gozo profundo. En la iglesia Bethlehem éramos y somos personas felices. Sin embargo, tratamos de desarraigar todo lo que es frívolo o intrascendente o conversaciones insignificantes. Sencillamente detesto los servicios religiosos con conversaciones insignificantes. No todos los servicios tenían este sabor. Al servicio del domingo por la mañana le llamábamos el Monte de la Transfiguración, es decir, un impresionante lugar de gloria en el que caes sobre tu rostro casi sin habla en la presencia de Dios. Y el domingo por la noche —o el miércoles por la noche o cualquier lo que sea que hagas— es el Monte de los Olivos, que era el lugar familiar donde Jesús probablemente se acostaba, se acomodaba, y dialogaba con sus discípulos. Esto es absolutamente crucial en la iglesia también.

No teníamos un sermón para los niños como parte del servicio de domingo por la mañana. Creíamos que a pesar de que podría ser divertido para los niños, a la larga, debilitaría la intensidad espiritual de nuestra adoración. Hay un tiempo señalado para todo (ver Eclesiastés 3:1). Eso es tan crucial. La gente piensa que usted tiene que poner todo en el servicio de domingo por la mañana o quitarlo. Nos parecía que por lo menos una hora a la semana de las 168 horas que hay, debíamos mantener una intensidad máxima de reverencia apasionante. Ahora voy a decirlo otra vez, porque me gusta mucho esa frase: una intensidad máxima de reverencia apasionante. Y nuestros argumentos para llevar a los niños al culto, por supuesto, solamente tendrán peso con padres que verdaderamente aman eso, que realmente aman encontrarse con Dios en la adoración y que realmente quieren que sus hijos capten eso y crezcan respirando ese aire. El mayor obstáculo para los niños en el culto son los padres que no valoran el tiempo de adoración. No lo aman. Los niños pueden sentir la diferencia entre el deber y el placer. Ellos saben si papá ama estar aquí.

Por lo tanto, la tarea principal y más importante de un padre es enamorarse de la adoración a Dios. Cualquier sensación de estar allí por obligación o a la fuerza o por alguna otra razón que no sea “me encanta estar aquí”, los niños lo saben y en el fondo, la aborrecerán al igual que tú. No puedes impartir lo que no posees. Y esto es lo que tú quieres que tus hijos capten. Quieres que capten adoración auténtica. La adoración auténtica y sincera es lo más valioso en la experiencia humana. Piénsalo. El efecto acumulativo de 650 servicios de adoración compartidos con mamá y papá en comunión auténtica con Dios y su pueblo entre las edades de 4 y 17 es totalmente incalculable.

El objetivo es que los niños capten la pasión por la adoración a Dios viendo a mamá y papá disfrutar de Dios semana tras semana. ¿Cuál sería el impacto si, durante doce años, los niños vieron a su padre con su cara entre las manos orando durante la antesala al culto? ¿Cuál sería el impacto si vieran a mamá y papá con un gozo radiante mientras cantan alabanzas a Dios? Solo piensa en ello. Millones y millones de niños nunca ven a sus padres cantar, y mucho menos cantar canciones con gozo a un gran Dios. A mí me parece algo muy malo cuando los padres quieren llevar a sus hijos durante los años más formativos y ponerlos con otros niños y otros adultos para dar forma a sus actitudes y comportamiento en el culto en lugar de tenerlos allí para moldearlos. ¿Por qué un padre no tendría celo por modelar para sus hijos el tremendo valor que ellos le dan a tener un gozo reverente en la presencia del Dios omnipotente?

Por supuesto, es incomprensible para ellos. Se supone que debe ser incomprensible. Son principiantes. El idioma inglés es incomprensible tan pronto como salen de la matriz. Pero no decimos: “Bueno, vamos a ponerlos con otros niños en sus propias situaciones y limitaciones para que puedan entender una palabra o dos”. No. Nosotros les sumergimos en el idioma inglés todos los días, del cual no comprenden el 90%, con la esperanza y la expectativa de que crezcan en el uso del idioma inglés. Mucho antes de que los niños entiendan completamente lo que está pasando en el culto y lo que se canta y lo que se dice, ellos están absorbiendo enormes cantidades de lo que es valioso.

Y esto es verdad incluso si dicen que están aburridos. La música y las palabras se vuelven familiares. El mensaje de la música comienza a ser comprensible. La forma del servicio empieza a sentirse natural. Aun cuando la mayor parte del sermón es difícil de comprender para ellos, la experiencia ha demostrado que los niños escuchan y recuerdan cosas notables. El contenido de las oraciones y los cantos y el sermón da a los padres la oportunidad sin precedentes para enseñar a sus hijos las grandes verdades de la fe. Qué oportunidad. Si tan solo los padres aprendieran a interrogar a sus hijos después del servicio y luego explicarles las cosas, esto se convertiría en algo invaluable para su crecimiento a largo plazo en el conocimiento de Dios.

Hay un sentido de solemnidad y asombro que los niños deben experimentar en la presencia de Dios. Deben sentir que es un momento sagrado, un lugar sagrado. No es probable que esto pase en la iglesia para niños. Y, por desgracia, no es probable que suceda en muchos servicios para adultos que ponen un gran énfasis en charlas, charlas, charlas horizontales, en lugar de gozo vertical. El objetivo es introducirlos a la grandeza y la majestad de Dios, no solo su ternura y familiaridad.

Así que, estas son algunas de las reflexiones del por qué es tan valioso tener a los hijos dentro del culto. Hay mucho más que decir, especialmente sobre el tipo de crianza y la disciplina en el hogar que hacen que todo esto sea posible. Pero te puedes ir al artículo para eso y ver lo que Noel y yo escribimos acerca de la disciplina. La conclusión es que los encuentros con el Dios viviente durante el culto deberían ser el mayor deseo del corazón de un padre. Y no hay un mejor lugar o tiempo para impartir esto que con mamá y papá haciéndolo juntos con los niños en el culto.


Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Jenny Midence-Garcia   www.thegospelcoalition.org
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