El ave Fénix de la fe

Rev. Andrés Casanueva

La semana pasada estuve visitando iglesias en Cuba, donde el cristianismo sigue creciendo y aumentando su presencia en todas las esferas de la sociedad. No puedo decir que sea hoy una iglesia abiertamente perseguida, pero hubo una época hace no mucho que sí lo fue. La autodefinición del Gobierno de la isla, como Comunista y ateo, fue el clímax que comenzó inicialmente sólo como una secularización, pero que con el tiempo llegó al encarcelamiento de sacerdotes y pastores, expropiación de templos e intento de eliminación de la trascendencia humana basada en la espiritualidad cristiana. Las señales que dio el modelo materialista dialéctico que se impuso, sin duda afectó la espiritualidad además de toda la vida de los ciudadanos. Pero el cristianismo no sólo no desapareció como era el intento oficial, sino que en los últimos años ha resurgido con mayor fuerza.
En Chile es evidente que se intenta avanzar de manera similar con un modelo de secularización que trata de convencer de la inutilidad de la fe, así como el daño que el cristianismo hace a la libertad y desarrollo de las personas, según lo plantean los entes que cada día tienen más poder y control en la sociedad nacional. Esas señales que vienen de los gobernantes y de la clase política, salvo excepciones, a mi entender llegan también a la región, donde la quema de iglesias planteada como ataque a aquellos que han mutilado la cosmovisión indígena, son sólo el eco de dichos indicadores, provenientes de un modelo que intenta deshacerse del cristianismo, enclaustrarlo o eliminarlo.
Por tanto, el ataque a iglesias son el simple y claro resultado de un silencioso avance de aquellas ideas que rechazan la fe cristiana y no respetan la vida humana. Y por cierto, no se han gestado sólo aquí.
Frente a ello debemos recordarles a quienes nos atacan, que el cristianismo verdadero no impone sino que invita, por tanto los ataques son injustificados. No ha sido la iglesia la que ha impuesto su modelo, sino el Estado.
Pero por otra parte si la iglesia ha avanzado en la región entre las mismas  comunidades indígenas, es porque ha encontrado almas sedientas de religiosidad genuina, búsqueda de Dios y amor a la vida. Entonces, los ataques incendiarios sólo tendrán el efecto en la sensibilidad del verdadero creyente de fortalecer su fe y como el ave fénix, resurgir con más fuerza de las cenizas de los templos quemados. Ha sido así durante dos mil años, y en el último siglo lo mismo en Cuba, Corea o China por mencionar algunos; y lo será sin duda en la Araucanía.

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