El Feto y el León

Durante las últimas semanas es un tema que ha estado presente en el país. Hace poco se ha dado paso a la idea de legislar para despenalizar tres causales, asimismo en Estados Unidos ha explotado un escándalo sin precedentes donde Planned Parenthood ha sido descubierta comercializando partes de fetos muertos.

Por otro lado, quisiera mencionar el caso de Cecil, el león muerto en Zimbabwe, las redes sociales se llenaron de espanto y repudiaron la acción del dentista quien provocó la dolorosa muerte de este león sólo para cortar su cabeza y llevarla de trofeo. Una herida a flecha, hizo que la muerte fuese lenta para tan majestuosa criatura que tras 40 horas de agonía finalmente fue parte del trofeo del cazador.

Porque traigo el caso de Cecil, el león. Porque las redes sociales fueron tanto más duras en este caso, que con el de Parenthood. Una triste visión de cómo la sociedad llega a un estado moral lamentable.

Años cacerías como estas eran cotidianas y se consideraban acciones de valor, pero hoy las opiniones morales han cambiado significativamente. Ni Roosevelt ni Hemingway habrían salvado ilesos del repudio social. Hoy existe una mayor empatía por los animales, tanto que parece que matar a Cecil no es tan diferente a matar a un ser humano.

Pero nunca podríamos equipar la muerte de un animal a la de un ser humano.

Y he aquí una cuestión fundamental: ¿por qué la muerte del León provocó tal repudio social? Porque esencialmente los seres humanos respondemos a imágenes visuales. Mientras que los abortos se llevan a cabo, en completo anonimato y si muestras una imagen de un bebé abortado puedes ser catalogado de horroroso y sensacionalista.

Pero el comercio de órganos humanos no es nada nuevo. Hay muchos ejemplos a nivel nacional cuando se comenzó la extracción de órganos para trasplante, hubo o hay transacciones. En China por ejemplo, un informe indica que el comercio de órganos en el mercado negro supera los U$ 1 mil millones anualmente.

¿Dónde está la gran queja sobre esto? En ninguna parte, el tema es que las víctimas son anónimas, no tienen nombre, ni han visto la luz, son fetos abortados en una clínica, al interior de un círculo familiar encubridor, por último víctimas de la soledad y la oscuridad de una noche.

 

¿Es peor la muerte del león Cecil más que miles de fetos abortados?

Para los abortistas es un bien social, el librar el futuro de una madre adolescente, el quitar la carga de un embarazo no deseado por violación o la simple eliminación de un feto no viable. Es decir, si el beneficio sirve entonces, esto lo que importa. Y este principio, es lo que ha llevado a que en EEUU se llegase a comercializar las partes de fetos muertos.

Tan lejos se ha llegado que en la década de 1960, científicos experimentaron con fetos vivos. Sí, aunque no lo crea, en el libro “Un dios celoso: cruzada de la ciencia contra la religión, se describe lo siguiente:

“Un feto de veintiséis semanas de edad, con un peso de una libra, se obtuvo de una niña de catorce años de edad, presumiblemente de un aborto terapéutico. Junto con otros catorce fetos, se sumerge en un líquido que contiene oxígeno y se mantiene con vida un total de cinco horas”.

Espantosamente, el investigador obtuvo el Premio de la Fundación Premio de la Asociación Americana de Obstetricia y Ginecología en Estados Unidos. Cuando esta información salió a luz pública causó gran revuelo hasta el corte del financiamiento estatal, cuestión hoy no ocurrió con el caso de Parenthood.

Lo que pasa es que han corrido ya 42 años donde más de 50 millones de abortos en los Estados Unidos han marchitado la sensibilidad moral. A los políticos hoy les ha parecido inmensamente inconveniente tomar duras represalias con el poder y valor que hoy tiene el aborto.

Stalin bromeó con la pobreza extrema de sus compatriotas: “Una sola muerte es una tragedia; un millón de muertes es una estadística”. Este aforismo parece quedar bien para lo que sucede hoy en día.

En Chile, llegaremos tarde o temprano a enfrentar estas estadísticas, que por demás ya están en la discusión, son al menos 30.000 abortos las cifras que se quieren transparentar con una ley de Aborto.

Estimados, no son sólo números ni estadísticas, son fetos, son vidas humanas.

La iglesia frente a esto, así como lo hace en distintas áreas sociales, debe acompañar, aconsejar, entregar su mensaje de vida para que la opción siempre sea conforme al Dios en que creemos. Entendemos, que como cristianos en casi una totalidad, sino todos, estamos contra las formas abortistas. No obstante, las legislaciones de los países obedecen a otros principios, y debemos cautelar por nosotros mismos el derecho a la vida. Recordemos estamos en el mundo, pero no somos de él.

Cuando veo como ha avanzado el abortismo en otros países, no entiendo porque se elige transitar el mismo camino del cual otros países quisieran no haber iniciado, están cambiando o están atrapados en él.

 

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