¿Importa la verdad?

Rev. Andrés Casanueva – Pastor Anglicano

Se pide condena para los imputados del caso Luschinger-MacKay. Muchos de quienes levantan su voz, incluidas víctimas de otros atentados así como personas sensibilizadas por el conflicto que ya lleva muchas víctimas, desean de manera urgente y aleccionadora un castigo que mantenga en la cárcel a los actuales imputados. Los fiscales y el ente persecutor realizan esfuerzos para cumplir con este objetivo.

Por otra parte personas ligadas a organismos de derechos humanos, familiares y organizaciones indígenas piden inmediata libertad de los imputados, y un trato deferente basado en convenios internacionales firmados por nuestro país, a favor de aquellos que actualmente están cumpliendo medidas cautelares mientras dura la investigación y juicio.

El conflicto ha alcanzado a defensores y fiscales. Evidentemente se espera que defensores y detractores tengan un compromiso real con las causas que representan. Pero como si fuera poco hasta una jueza se inhabilita aduciendo entre otras cosas “mala disposición” de los defensores hacia su persona. De paso uno se pregunta: ¿Es que realmente un juez de la Republica podría ver afectado su profesional juicio por que los abogados defensores o acusadores le tienen mala? Si fuera así, ni un solo juez podría mantener su neutralidad en caso alguno. A menos que el problema no sean los abogados sino el criterio del juez. Claro que eso llevaría a preguntar: ¿Cuán objetivo ha sido ese juez en causas anteriores afectando la verdad de hechos imputados?.

Por lo que se aprecia de muchas declaraciones, salvo honrosas excepciones, manifestado en estas animadversiones tanto de abogados como de familiares, organizaciones, y hasta el sistema judicial, parece que el compromiso con la verdad ya no importa. Para muchos si los imputados estuvieron involucrados o no en los hechos no parece ser tan relevante como el que sean condenados o liberados.

Quizás es que ha influido tanto el humanismo relativista que tiene como corolario las verdades relativas, que ya no importa la búsqueda de una verdad total.

El Evangelio nos lleva a reconocer que es necesario buscar la verdad. El alcance de la verdad nos conduce como iglesia a reiterar que no podemos aceptar que un inocente pague culpas que no le corresponden, ni que un culpable quede sin castigo, independientemente de quien sea.

Creo que volver objetiva y fríamente a este aspecto de búsqueda genuina de la verdad, en este caso como en muchos otros derivados del conflicto en la región, y que en nuestro sistema judicial parece haberse visto afectado, es lo esencial.

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