Si Jesús llegara hoy …

Rev. Andrés Casanueva – Pastor anglicano

El calendario cristiano este fin de semana recuerda la entrada triunfal de Jesús a la ciudad de Jerusalén, hace más de dos mil años. Aquella gente que daba la bienvenida a este rey humilde, ponía ramos y hasta sus propias ropas con gritos de algarabía a voz en cuello diciendo: ¡Aleluya!; en pocos días y guiados por aquellos que decían buscar el bien del pueblo, estarían unánimes gritando ¡crucifíquenle!.

Pueden pasar miles de años, pero el ser humano sin Dios, sigue siendo igual. Usa nuevas tecnologías pero su corazón es el mismo. Pese a la retórica humanista del progreso que nos inunda, seguimos estancados sin ir en dirección de aquel que nos creó, quien es el único que nos proyecta más allá de una efímera vida sin sentido, que hoy lleva a muchos a correr, pero sin avanzar.

No es casual, como dice el Evangelio, que Jesús “Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz!

Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos”.

Este fin de semana muchos estarán preparando sus corazones para recordar y de alguna manera recibir a este Jesús humilde y dispuesto al sacrificio, quien nos ofrece paz con Dios. Ciertamente si Jesús mismo llegara hoy a nuestro país, región, ciudad o familia, muchos gritarían: ¡Aleluya! dando bienvenidas de todo tipo. Pero con el mismo entusiasmo en pocos días al recibir el mensaje del Señor, que no se ajusta a los códigos humanistas y que dista mucho del exitismo mundano, y más bien contempla sacrificio y autonegación, nuestras respuestas cambiarían.

No tengo dudas que si Jesús llegara a nuestros contextos, viendo lo que hoy nosotros vemos, a lo cual ya nos hemos acostumbrado no sorprendiéndonos nada, lloraría.

Pero como aquella gente que eran lo que hoy nosotros somos: insensibles frente al dolor de Dios y al dolor humano, y siendo guiados por quienes guían hoy a nuestra sociedad, estaríamos listos a gritar junto al corro de líderes sin Dios ¡crucifíquenle!.

Por eso ruego, que siendo testigos de todo lo que como país nos aleja del Creador, podamos hacer un alto en el camino para reflexionar. Ya conocemos la historia, sabemos lo que Dios quiere (y es lo mejor para nosotros), y no nos dejemos guiar por aquellos que predicando nuestro bien, en realidad nunca estarán dispuestos a ponerse en nuestro lugar, salvo en el discurso. Preparémonos para dar la bienvenida a Cristo y aceptemos su sacrificio para reconciliarnos con Dios; recibamos el mensaje de Paz. Sólo eso nos dará la verdadera paz que tanto necesitamos hoy como sociedad.

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