La usura I: El Mercader de Venecia

Nehemías 5:7 Se rebeló mi corazón dentro de mí, y contendí con los nobles y con los oficiales y les dije: Estáis cobrando usura cada uno a su hermano. Y congregué contra ellos una gran asamblea.

Después de ver la película “El Mercader de Venecia” y recordar casi a tientas la lectura del libro de Shakespeare en mi época de estudiante, he tomado el atrevimiento de intentar llegar más profundamente a un concepto que hoy en día nos invade con una voracidad indecible, la USURA.

Al intentar acercarme a una definición primaria, la usura es el cobro excesivo de interés producto de un préstamo. La usura está hoy en día en el corazón del sistema capitalista y acepta cual mago medieval que el dinero puede reproducirse para generar más dinero en forma ilimitada y de esta manera el deudor restituya el capital más el interés, sabemos que esto no es una afirmación cierta.

Aristóteles mencionaba que el interés era contrario a la naturaleza, puesto que el dinero en sí es estéril. Santo Tomás de Aquino se refería a él como injusto porque es “vender lo que no existe”, y que el interés provocaba desigualdad y ésta es contraria a la justicia.

Sin embargo, en otro sentido el dinero cuando genera beneficios al deudor producto de la forma de inversión que realiza, parece tremendamente justo que quien presta el dinero pueda recibir parte de ese beneficio por haber realizado dicho préstamo.

Sin embargo, la economía se ha encargado de no hacer esta distinción de préstamos productivos y préstamos improductivos. El sistema capitalista no lo tiene entre sus cualidades, puesto que para él dinero es el patrón de conducta y fin de todas las cosas, sino que, además estimula toda la actividad humana. Por tanto, económicamente se produce un enriquecimiento ilimitado para el poseedor del dinero, pero que su efecto directo es el empobrecimiento también ilimitado de la parte deudora. Esto sucede en la economía familiar como también en las economías de países y zonas continentales.


MERCADER DE VENECIA (Breve Análisis)

La maldad del usurero

Shylock, el judío rico y prestamista usurero es el personaje más malo de todos. Pero no es el único, el desafía a sus inquisidores y críticos a que no llevarían la misma actitud en caso de una venganza y les encara el comportamiento que han tenido con él en acciones anteriores, reduciendo diferencias entre cristianos y judíos.

La deuda como vínculo moral y económico

Bien sabe Shylock, que la deuda ha generado un vínculo que termina solamente con el pago de la deuda de la manera que la estipula el contrato. Es interesante advertir que el término hebreo usado para deuda es néšek que significa mordisco. Precisamente lo que Shylock requería de su deudor una libra de su carne.

En el Antiguo Testamento el pago de la deuda podía ser incluso con la esclavitud y/o dar en esclavitud a la esposa e hijas.

Pero este pago de deuda, aún genera un vínculo después de efectuado el pago. Es interesante advertir que la deuda tiene un fuerte componente moral inicial y que luego transita hacia al pago “económico” estipulado contractualmente.

Relaciones sociales de la época

En la época del siglo XVI lo social estaba sobre lo económico, la interacción social era el centro de las sociedades, por ello se castiga tan duramente la actitud del judío usurero, puesto que ha puesto lo económico por sobre lo social.

La deuda hoy es sólo una transacción económica y no comprende la cuestión social. No se mira al deudor, la hipoteca se ejecuta con la frialdad del imperio de la ley, sin distinguir si dicho préstamo generó una eficiencia del capital suficiente para devolverlo con los intereses pactados. Posición que sostenía Keynes que se debía distinguir en el tipo de interés según la eficiencia del capital, de manera de determinar lo que era usura y lo que era un interés legítimo.

Esta ausencia del componente moral radica en la actual fría y cruel usura que atosiga a todos los niveles sociales. Es el componente moral olvida por los acreedores en la época de Nehemías y sobre el cual se genera un emplazamiento público por sus acciones.

La deuda se convertido simplemente en una cuestión matemática de pagar o no pagar, con la ausencia del componente moral. El deudor podrá ir a llorar de rodillas frente a su acreedor, pero la respuesta será: “ el sistema no lo permite, debe pagar”.

Y es lamentable, porque la sociedad acreedora actual olvida que el dinero que prestan es aquel que ahorra el pobre en los bancos, que ahorra en los fondos previsionales acumulados en la Afps que son prestados a los grandes consorcios y que el fruto del trabajo de la clase trabajadora transformado en dinero va a parar en gran parte a los bolsillos de las monopólicas cadenas de supermercados y tiendas del retail. Las mismas que se coluden para esquilmar sin piedad.

Sin piedad, la misma falta de piedad de Shylock, que gran parecido del ejercicio de la crueldad. Simplemente desolador. Pero no olvide que Shylock es el más malo, pero no el único.

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