Lavado del alma

Una de las grandes promesas electorales del actual Gobierno fue la gratuidad universal de la educación. Percibíamos que para los cristianos el costo de canje serían leyes que atentan contra nuestra fe y principios bíblicos. Para muchos “cristianos” empero, era un cambio aceptable. Hoy somos testigos de cómo resultó el trueque. Muchos creyentes tranzan los principios de Dios, pero otros no.

En Colombia durante años se estuvo negociando un Acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC. El acuerdo se redactó en 274 páginas que finalmente la ciudadanía rechazó. ¿Cómo es posible que un país sumido en una guerra que ha costado miles de vidas rechace la paz?, pensará usted. Bueno, en realidad lo que los colombianos rechazaron no fue la paz, sino la forma mañosa en que se imponían ciertas cuestiones en dicho pacto. Y no sólo tenía que ver con indulto a quienes habían secuestrado, torturado y asesinado a miles de personas. Por cierto el doble estándar fue evidente en muchos que celebraron y luego lloraron el rechazo, mismos que no aceptan bajo condición alguna indultos a violadores de derechos humanos en nuestro país, pero lo justifican y celebran en otros.

Otra de las razones es que no tenía sentido que a través de este acuerdo se impusiera la ideología de genero. ¿Qué tiene que ver esa ideología con un acuerdo de paz?, pensará usted. A diferencia de nosotros, muchos colombianos percibieron que se quería imponer esa doctrina.

La ideología de género nace para luchar por los legítimos derechos de la mujer, luego se mezcla con la agenda del mundo LGBT, y de allí pasa como hoy, a negar las diferencias naturales, biológicas, anatómicas y hasta emocionales de los sexos masculino y femenino, planteando que ser hombre o mujer es sólo un invento de la sociedad. Y esto es lo que hoy se pretende instalar en Chile a través de la educación.

Pero muchos colombianos, pese al dolor sufrido por décadas de una cruenta guerra, no estuvieron de acuerdo en transar sus principios. Ellos presionaron con un NO; pero no a la paz sino a la imposición de una agenda que se les estaba deslizando subrepticiamente.

Tomaron conciencia de que se estaba hipotecando el futuro de las próximas generaciones. Algo similar está pasando en Francia, Croacia, Alemania donde muchos padres ya no envían a sus hijos a la escuela para evitar el lavado de cerebro, o como dijo un Papa, “el lavado del

alma que esta ideología significa”.

Espero que en las próximas elecciones los genuinos hijos de Dios, que según los censos somos millones, no diluyamos nuestras conciencias comprometiendo nocivamente el futuro de nuestros hijos y haciendo trueques con los principios bíblicos.

Pin It

Los Comentarios están Cerrados