Llama la atención

¡La Machi Francisca es inocente¡ ¡Machi Linconao, Asesina¡ son consignas que a diario se leen y escuchan.

Llama la atención que muchos de quienes se manifiestan en las redes, calle, prensa, artistas, organizaciones (como el INDH, claramente tendencioso) y políticos, sobre la inocencia o culpabilidad de la Machi, parecen haber sido testigos presenciales de la noche en que el matrimonio Luschinger Mackay fue asesinado alevosamente. ¿Acaso tienen más antecedentes que fiscalía o defensoría? ¿habrán leído los expedientes que les hacen llegar a la tan profunda convicción de inocencia o culpabilidad de los imputados?.

Llama la atención la desprolija investigación que al presentar pruebas, se rehacen dejando mantos de duda; ej: el expediente de Peralino quien “acusa” a los actuales imputados. Allí declaraciones previa y posterior difieren, y él mismo denuncia presiones.

Llama la atención que con tecnología e “inteligencia” al servicio de la investigación luego de cuatro años, no existan pruebas contundentes para condenar o exculpar a los procesados.

Llama la atención que fiscalía que debería velar por el debido proceso, pero no parece actuar así.

Llama la atención que la presunción de inocencia es sólo retórica vacía frente a la realidad que vemos.

Llama la atención que se someta a la Machi a un desgaste llevándola a la cárcel, sacándola, luego al hospital, a su hogar, etc. siendo los mismos jueces quienes lo determinan; se evidencia presiones hacia un ente del Estado supuestamente independiente.

Llama la atención que muchos de quienes no tienen deferencia hacia figuras religiosas propugnando la eliminación de ellas, ahora pidan un trato deferente hacia la Machi por ser figura religiosa.

Ciertamente no podemos justificar acciones de quienes creen hacer lo correcto, pero dañan a personas o sus bienes. La Biblia dice que “A cada uno le parece correcto su proceder, pero el Señor juzga los corazones”.

Así entonces, reconociendo que el gran victimario es el Estado, y su maquinaria incompetente y falta de voluntad, como cristiano que vive en esta región, no me siento capacitado para condenar o absolver a ninguno de los procesados. Esperamos que las instituciones funcionen, pero éstas no han dado garantías de un proceder ecuánime. Por ello confiamos y oramos para que el Creador, quien conoce los corazones, saque a luz los verdaderos culpables y sean juzgados; en tanto las víctimas sean reparadas considerando que la primera reparación es la justicia.

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