Los pequeñitos de Dios

Rev. Andrés Casanueva – Pastor evangélico

Jesús dijo: “dejen que los niños vengan a mi, y no se los impidan”. Cada día más nuestro mundoy en particular nuestro país, gracias a una filosofía aplastantemente humanista negadora de la integralidad del ser humano, negadora de las realidades espirituales trascedentes, y negadora del Creador, y que nos gobierna con el solapado principio de que el fin justifica los medios, no sólo no ha permitido que los niños se acerquen a Dios, sino que se los ha impedido. Por cierto ello no justifica actuar desquiciadamente.

Jesús conocía el corazón humano degradante y corrompido (lo que no ha cambiado en toda su historia), pero también sabía cómo son los niños, y los amaba así. Un niño no tiene cuestionamientos destructivos frente a Dios, y reconoce a alguien superior que vela por ellos, a menos que los mismos adultos hayan puesto en sus corazoncitos y mentes ideas que les alejen del Creador, ya sea por los mismos actos abusivos de los adultos hacia ellos o profundizandopensamientos arrogantes y orgullosos.

Debemos reconocer que muchos de aquellos a quienes se les ha dejado al cuidado de los pequeños, de manera insolente ante Dios y degradante ante la sociedad, han estorbado la búsqueda inocente y genuina de Dios por parte de los niños, abusando de ellos. Muchos padres y familiares, organizaciones de Estado y hasta representantes de iglesias les han marcado y hasta destruido sus tiernas vidas.

Pero ello no debería asombrarnos, si vemos como testigos mudos de lo que en Chile vale para muchos la vida de un niño: sólo ser parte de una estadística que cubre intereses políticos; para otros ya antes de nacer son sólo un montón de células; para algunos, los niños se convierten en objetos que permiten llenar sus propias ansias de adulto de “realizarse, ser completos, felices y alcanzar sus plenos derechos” sin realmente velar por los derechos de los menores, permitiéndoles contar con un padre y una madre que estén dispuestos a sacrificarse por ellos.

Para Cristo los niños eran parte esencial de su agenda de transformación y cambio en la sociedad. Por ello es que para los verdaderos hijos de Dios, los derechos de los niños no son transables. Todo niño tiene derecho a vivir, a ser feliz, a creer, a ser protegido, a ser guiado, a reconocer que Dios le ama y permitirles amarle a su vez.

Cuando nosotros los adultos, por la razón que sea esgrimida, atentamos contra esos derechos, nos cae una advertencia fuerte de parte del mismo Señor en quien los niños siempre se sentían acogidos: si uno de nosotros hace caer a un pequeño, a esa persona mejor le hubiese sido ni siquiera nacer.

Pin It

Los Comentarios están Cerrados