Miguel Mansilla 2016: “La buena muerte, la cultura del morir en el pentecostalismo”, RIL editores

Miguel Ángel Mansilla, es un académico de enorme potencial, sus análisis e investigaciones son una abierta y maravillosa invitación al pensamiento crítico, dentro y fuera del pentecostalismo criollo.
Mansilla escribe rescatando autores, deconstruyendo y rivalizando ideas, llevando a la historia de los ritos mortuorios y la resignificación de la muerte dentro de los círculos pentecostales a un diálogo obligado con otras disciplinas. Otra característica destacada del autor, es que no se esconde en la vaguedad de datos históricos ni en la neutralidad, se inscribe con una visión muy clara del pentecostalismo, que en muchos casos disiente de los autores clásicos que han investigado el pentecostalismo.
“quisimos conocer la cultura del morir para conocer la cultura del morir” (pp.367) se aprecia en las conclusiones generales del autor su interés en partir conociendo e interpretando símbolos y significados de la muerte recogidas en los relatos de vida, más que en la observación de ritualidades
Bueno, hablemos de la geografía del libro:
El texto desarrolla ideas-fuerza, que por largos años han sido prácticas constantes dentro del mundo pentecostal, por de pronto una parte del texto, analiza la visión de héroe asumida por el Pastor, a quienes la comunidad de fe, venidas desde el catolicismo romano, en lenguaje de metáforas castrenses “mueren con las botas puestas y pelean la buena batalla”, por su entrega a la obra y a la predicación en las calles, considerando inclusive características vicarias (p.195) por vencer las huestes del mal, reforzando la visión de Héroe.
Otra idea que sigue la línea general del texto es el reconocimiento de la mujer en ciertas labores eclesiásticas, sin poder optar a un reconocimiento pleno como pastoras, testimonio elocuente de ello, es el rescate de la memoria, el cual se centra principalmente en el género masculino. (Por cierto que existen excepciones, sin embargo constituye la regla general, una evidencia de aquello son los iconos del Pentecostalismo Chileno: Willis Hoover, Manuel Umaña Salinas, Víctor Pavez)
Desde un acercamiento sociológico el autor distingue, desde un principio, algo que ha sido objeta de dudas y debates en círculo de historiadores respecto del pentecostalismo y la continuidad del protestantismo en este, el autor desarrolla el concepto Pentecostante autor, en donde se asume el legado protestante del pentecostalismo que tiene un acercamiento más bien a la línea carismática de Thomas Müntzer y Menno Simons que a la a la línea conservadora del protestantismo de Lutero y Calvino (p.30).
Una característica que el autor afirma (que puede rivalizar con las investigaciones más clásicas en el campo de la historia y la sociología respecto del pentecostalismo Chileno) fue el trabajo que los pentecostales desarrollaron contra la opresión y explotación de las masas populares, contra la miseria de millones de chilenos, contra los caciquismos políticos, nepotismo y clientelismo (p.31).
Mansilla considera una ruptura de las ideas generalizadas sobre los pentecostales, por ejemplo: 1)la de huelga social, 2)secta o parche religioso, y desarrolla el concepto Pentecostante para esto, en donde se considera que el pentecostalismo efectivamente fue 1)protesta, 2)resistencia y 3)propuesta desde una dimensión carismática y simbólica, esto se vio concretado en la comunidad de los pobres , en donde existía una preocupación de liberar del modelo social, resignificando la miseria y una comunidad de esperanza, de allí el sueño de ganar Chile para Cristo, en donde el cambio social venía por un cambio individual, muy ligado este con el premilenarismo y su concepción de la venida de Cristo para arrebatar a los pobres virtuosos o el arrebatamiento colectivo (P.31)
Dentro del texto encontramos también, el rostro marginal de las primeras comunidades pentecostales, ese de aquellas clases populares abandonadas por el catolicismo durante el siglo XX, en donde germinó la predicación pentecostal con bastante fuerza. Quienes a través de sus mensajes públicos y lecturas de la sociedad, revitalizaron representaciones post-mortuorias con las lecturas bíblicas.
Por eso el pentecostalismo concibió la muerte no solo como aquel fenómeno inevitable, sino como la puerta de acceso al cielo, fue en efecto una resignificación de la muerte en torno a aquellos oprimidos abusados, con un espacio honorífico a aquellos predicadores que como gustan llamar en su lenguaje castrense “murieron con las botas puestas”. Y eso significó emancipación.
Por esa resignificación el autor destaca la muerte-coronación (P.76) que es el fin de esa lucha entre lo corporal y lo espiritual, entre la nueva y antigua vida, como un antagonismo ontológico.
La muerte como un sueño, el pentecostalismo toma una idea primitiva del cristianismo, llegando a considerar al cementerio como un dormitorio, por eso la abundancia en el discurso de señalar como viaje o sueño a la muerte. (P.66)
Una idea con años de debates dentro del campo de la teología, caló hondo en el pentecostalismo, y ha sido también herramienta de coacción en algunos casos, me refiero al Infierno.
Miguel Mansilla señala al respecto que es considerada como una retroproyección, proyección invertida de la tierra, es el espacio de la absoluta necesidad y la muerte eterna, de esta concepción se desprende inmediatamente la idea de una teología y praxis retribucionista, en esta lectura solo son merecedores del cielo a quienes más trabajo han desarrollado en la iglesia y los cultos y quienes han abjurado de su llamamiento de trabajo incesante, no es un bue
El infierno en la lectura del pentecostalismo es también un espacio de represión en contra de la mujer (nuevamente se refuerza esta idea falo-céntrica) por su sensualidad fuera de los márgenes estéticos aceptados, hecho que evidencia la fuerte promoción de prototipos femeninos, que gozaban del a aprobación general (P.141),todo con una clara finalidad : el control sobre el cuerpo femenino.
Finalmente Miguel Ángel Mansilla, sin duda en la materia y su especialidad de investigación, es un referente intelectual, el texto está construido con una honestidad admirable, ya que el autor a través de sus fuentes, nos señala desde donde piensa y cómo esos referentes articulan su reflexión e investigación.

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