Misiones: De Isla de Maipo a Guinea Ecuatorial

A fines de Febrero tuvimos una extensa conversación con María Olivero en Isla de Maipo, conocí la misión que le Dios le ha entregado en su corazón y algunas de sus experiencias misionales compartiendo en el africa central.

Quiero que conozcan algo de su historia y la historia que ella escribe como Misionera de Dios en un país tan necesitado de una palabra de aliento en el Señor.

Misionera Chilena sirviendo en Guinea Ecuatorial.

Sole, como todos le conocen es de Isla de Maipo, un pequeño pueblo a las afueras de Santiago. En Chile soy parte de la Misión de la Iglesia del Señor y respaldada por la agencia misionera Provisión e iglesias de diferentes denominaciones. En Guinea Ecuatorial se congrega en la Iglesia Montaña de Dios donde la gran mayoría de los hermanos son Ndowe, pueblos playeros con los que ella trabaja y quienes se han convertido en su familia africana. Los Ndowe me han dado el nombre de “Monanga” que traducido al español seria “estrella luminosa”.

En este lugar usted encontrará como me involucre en la obra misionera y como hermanos, amigos y familia me han apoyado. Cada emocionante historia plasmada aqui ha sido vivida por esta mujer que cambió el derecho por una apasionante vida en las naciones. “A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo” Efesios 3:8 Aquí comienza la aventura… Quizás esta sea la mejor respuesta a todos aquellos que me han motivado a escribir y compartir como “LO HICIMOS”. Hace mucho tiempo había empezado este proyecto y diferentes circunstancias me hacían postergarlo. Ahora estoy escribiendo, desde el calor africano, rodeada de gente de color muy diferente al mío, tan diferente que las niñas a veces me tocan la piel mientras me dicen ¡Sole, que blanca eres!, ¿Tú tomaste mucha leche cuando eras pequeñita? Y otras cuando camino por la calle rumbo a casa y me ven pasar salen gritando ¡china!, ¡china!, ¡china!. No solo nuestra piel es diferente, también nuestras culturas. He tratado de aprender desde el más básico saludo Ndowe (que es con quienes más me relaciono) como es el típico mbolo o el ¿Monanga, Ohka?, ¡Ohka Bebonga, aségwe! y entender hasta su saludo más elaborado como sentarse sobre el regazo del otro en demostración de respeto. Nunca imagine que llegaríamos más allá de nuestro horizonte, pero Él tenía un mejor plan, un mejor y nuevo horizonte, una oportunidad para servir y para hacerlo juntos, donde podíamos poner en práctica que más bienaventurado es dar que recibir y por sobre todo donde estábamos seguros que vivíamos y actuábamos según su perfecta voluntad. Muchos podrían decir esta es tu experiencia en las naciones, yo la llamaría la experiencia gloriosa de todos aquellos que han sido parte, que sin estar en el campo decidieron ser bendición desde el frente que a ellos les toco servir. En ocasiones no nos ha sido fácil, hemos llorado juntos, nos hemos pedido perdón para seguir avanzando, iglesias sufrieron robos pero mantuvieron su compromiso firme, nunca dejaron de sustentarme. Juntos hemos hecho frente al compromiso real versus aquellos que se emocionaron cuando vieron gente de tez oscura, enfermos o pobres diciendo que se harían parte pero pasados los días les olvidaron o aquellos que de frente nos dijeron que tienen otras prioridades, dicho sea de paso construir una iglesia más grande, comprar nuevos asientos, un nuevo sistema de audio, o un complejo inmenso donde cobijarse en los diferentes eventos que tienen programados. Muchas veces en forma personal me he frustrado con aquellos que no quisieron o no quieren ser parte y es ahí donde tengo que volver a rendirme al Espíritu Santo quién puede romper la manera en que hemos visto las cosas durante toda la vida y encaminarnos en el rumbo correcto. Mi deseo es que en las siguientes lineas pueda ser confrontado por el Espíritu Santo a través de nuestra “historia”, de la manera como nosotros nos involucramos en la Gran Comisión, que disfrute cada experiencia que registran estas hojas, que ría, que llore, que se motive pero que finalmente se involucre de manera consciente y responsable en el orar, enviar o en el ir. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Romanos 10:14 -15 Muchos me han preguntado sobre el llamado El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy… Habla, porque tu servidor escucha”. 1 Samuel 3:4 Isaías dijo: “Yo oí la voz del Señor que decía: “¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?”. Yo respondí: “¡Aquí estoy: envíame!”. Isaías 6:8 A unos llamo así: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Mateo 4:19 En su multiforme gracia seguro tendrá muchas maneras de llamarnos. A mí nadie me profetizo que sería misionera, a mi casa nunca fueron misioneros, la primera vez que fui a un campamento misionero tenia veinte años, pero puedo decir con seguridad que antes de formarme en el vientre de mi madre, ya me conocía; antes de que yo naciera, me había consagrado, y me destino para ir a las naciones. Cierto día mi pastor fue al centro de Santiago y abordo un bus hacia el aeropuerto, no para viajar sino para contemplar como salían los aviones a diferentes destinos. Él sí escucho una voz que le decía que iría a dejar a alguien de su iglesia al aeropuerto para salir a las naciones. Soy el cumplimiento al igual que otros miembros de nuestra iglesia a lo que Dios dijo a mi pastor. El mismo junto a su esposa pudieron viajar a India y servir allí. En un viaje a Uruguay mi pastor participo en un evento misionero donde conoció a quién por muchos años venía dirigiendo los campamentos del CEC en Melipilla. Isla de Maipo, donde vivimos queda muy cerca de Melipilla, sin embargo hasta entonces no sabíamos nada de los campamentos con enfoque misionero. Mi primer acercamiento a las misiones fue en uno de estos campamentos junto a tres jóvenes de mi iglesia, el que tenía como slogan “Enfoque”. Realmente Dios enfoco mi vida y no solo la mía sino también la de mi iglesia. Al año siguiente ya no fuimos cuatro al campamento sino un gran número de jóvenes, ahora el slogan era “Toma tu lugar”. En el campamento participaban muchos misioneros, los que transmitían sus experiencias en el campo, compartían sobre sus organizaciones y el área donde se desenvolvían. Había talleres paralelos. Un día se presentaban dos organizaciones, JUCUM y Wycliffe traductores bíblicos. Quién exponía sobre JUCUM era muy carismático, entre broma y broma te envolvía en las misiones. El de traducción bíblica era más pasivo pero no menos interesante. Yo como la gran mayoría fuimos al taller de JUCUM y como quede atrás y no había más espacio los organizadores me pidieron ir al de traducción. No, no fue casualidad, esto eran los planes de Dios porque después de salir del taller en una sencilla oración le dije al Señor que me gustaría tomar mi lugar en traducción bíblica. Dios escucho esa oración. Con certeza creo que en ese taller Dios me llamo a servir en Traducción Bíblica. La definición secular de llamado puede tener muchas connotaciones. Para muchos es “dar aviso a alguien para que venga”, “convocar”, “nombrar”, “destinar”. Ahora si hablamos de llamado misionero podríamos decir que es destinar o dedicar a alguien para llevar las Buenas Noticias, el evangelio de salvación a las naciones. Lo que hemos olvidado es ver en el llamado una oportunidad para servir que no solo transforma las vidas de las personas donde tú vas sino tu misma vida, que te enseña a vivir en fe y bajo el cuidado de tu Dios a quién has hecho tu dueño y tu Señor. Acostumbramos a relacionar el llamado con la necesidad y como la podemos suplir, es cierto la necesidad te puede motivar a llegar al campo misionero pero es solo Dios y su amor el que te puede sostener allí especialmente cuando viene la enfermedad llámese malaria, tifoidea, filarias o la que sea, cuando tienes que aprender algunas palabras para darte a entender en medio de las risas de los niños por tu mala pronunciación, al intentar encender un refrigerador a gas que nunca antes en tu vida habías visto, cuando debes llenar las lámparas de kerosene y encenderlas porque nunca hay luz, al esperar que salga el sol para cargar tus paneles solares y tu computador, cuando debes bajar al pozo para lavar tu ropa mientras te comen los mosquitos, al subir a un taxi y escuchar en el camino ¡arrímate! que subirá otro y ya no hay donde meter más gente, al no escuchar nunca un gracias o un permiso, al ver mucha injusticia experimentadas por los nacionales y no puedes hacer más y cuando sabes que hay muchos en tu país que desean que tu estés allá porque también te aman y te necesitan. Muchos ven las misiones como un viaje placentero, arreglar la maleta, subir al avión y que venga la aventura. Otros creen que es un viaje de una semana donde haces lo mejor que puedes y regresas satisfecho a casa. Valoro estos esfuerzos y espero que den fruto al ciento por uno pero las misiones son un compromiso de por vida, no es sacarme una foto para que todos comenten lo grandioso que estoy haciendo y listo. Las misiones de hoy y desde siempre han necesitado de un espíritu de aprendiz, un espíritu de relación íntima con Dios que te haga bastarte en su gracia y perfeccionarte en Él en cada una de tus debilidades porque mientras estás solo o sola en el campo no necesitaras ser el más bonito o la más bonita del mundo para que muchos te ofrezcan compañía y es ahí donde debes estar firme sabiendo quién te llamo y para que te envía. “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”. Efesios 6: 10 -17 Por otro lado hay experiencias que solo los que somos misioneros podemos tener y que tienes que vivirlas para sentir el real sabor. Cuando cumplí 25 años (no hace mucho jajaja) estaba participando de una investigación sociolingüística en Papua Nueva Guinea, donde tres comunidades se juntaron para celebrar mi cumpleaños. Baje de la lancha en la que regresábamos a Kerema y en la playa me esperaba mucha gente, habían puesto en la arena con flores “Feliz cumpleaños Soledad Olivero”, jugamos en la playa y por la noche hubo danzas, collares de flores y un pastel que decía: “Tu familia Tairuma”, Las tres comunidades juntaron el dinero para comprar el pastel. Luego oraron en su lengua materna por mí agradeciendo a Dios por estar con ellos siendo de tan lejos y por haber dejado mi familia, ¿podría alguien olvidar eso?, o cuando un niño imposibilitado para caminar pidió a su mamá no ir a trabajar y que le pusiera su mejor ropa porque sabía que venían los misioneros a su comunidad. Como olvidar que una vez de noche tuve que ir al baño en canoa porque la comunidad estaba cerca del mar y este subió y no había otra forma de hacerlo. Las misiones son algo real y nada reemplaza que tú estés ahí. Si aceptas el llamado de ir a las aldeas, a las comunidades, al campo, a las tribus, o como quieras llamarle veras que el evangelio de verdad es para todo aquel que desee abrazarlo, que no se necesita tener túnicas blancas para bajar al rio y bautizarte dando testimonio que mueres al pecado y resucitas viviendo para tu Dios. Que no es necesaria la corbata ni aún los zapatos cuando tienes el pelo afro y un lap lap para ir a la iglesia y adorar porque tienes muchas razones para hacerlo. He disfrutado cada culto que comparto con mis hermanos africanos, entre el calor, los tambores y las danzas. Admiro como pasan de un idioma a otro con tanta facilidad y como se mueven. Yo soy bastante tiesa, tengo que asumirlo pero por empeño no me quedo. Me encantan como visten, esos colores fuertes que irradian su real esencia, esa que las circunstancias, el no tener dinero, sufrir enfermedades no cambia. He visto ternos naranjos, rojos, grandes sombreros y pañuelos multicolores que sinceramente nunca pasaran inadvertidos. Vivo encantada de mi llamado y aunque a veces ha habido llantos y penas no lo cambiaría. Pablo un día escribió a la iglesia de Corintios: “Cuando fui a vosotros, hermanos, proclamándoos el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra o de sabiduría, pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y con temor y mucho temblor. Y ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. 1 Corintios 2:1 -5 El verdadero llamado es presentar a Cristo, no mis propias ideas, mi legalidad ni mis tradiciones eclesiásticas. Debemos trabajar para que el reino de Dios se establezca en el corazón de aquellos que aún no han sido alcanzados dejando de lado nuestro etnocentrismo o el evaluar todo como lo hacemos en casa, en mi iglesia o en mi país. El evangelio sigue siendo y será poder que transforma vidas y cuyo centro siempre será Jesucristo. Fue Él “ el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”. Filipenses 2: 611

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