El nombre de Dios en vano

Rev. Andrés Casanueva

En la Biblia aparece la historia de dos hermanos. Uno de ellos por ser el mayor le correspondía el doble de la herencia y el legado de autoridad familiar, llamado la primogenitura. Por un momento de hambre que podría haber satisfecho más tarde, éste no consideró el valor de dicho legado establecido por su padre y avalado por Dios, y lo vendió a su hermano menor por un plato de lentejas. El menor astutamente engañó a su padre. Todo esto fue un acto vergonzoso.

Como país hemos vivido una situación en extremo grave por la asistencia que debía tener un ente del estado hacia los miles de niños “huérfanos” sociales, y que en lugar de ello descuidó hasta el punto de que cientos perdieron la vida por falta de diligencia o incompetencia.

La verdadera iglesia de Cristo debía haber estado presente allí asumiendo responsabilidad al acoger a estos desvalidos mucho antes de que cayeran en manos de un Estado inoperante.

En su lugar parte de la iglesia ha desvalorizado su autoridad prefiriendo recibir platos de lentejas de cinco mil millones, que para nuestra vergüenza es el doble de lo que se ha destinado para “corregir” la situación con los niños, por los cuales la Biblia siempre nos pide velar.

¿Que hizo a cambio? Callar en momentos en que debía hablar, frente al mismo Estado que se burla de Dios y sus preceptos. Muchos de aquellos que dicen representar a la iglesia evangélica, que por intereses que nada tienen que ver con el Evangelio y su esencia, dejan comprar sus conciencias y acallar su voz profética diluyendo un mensaje que debía ser la conciencia pero que hoy no es más que un bolsillo.

Esto fue evidente en el último Te Deum, un acto de agradecimiento a Dios, donde la señora Michelle sin siquiera creer en Él, participa con cara de estudiado respeto. Aquí reconozco laconsecuencia de doña Camila pidiendo que se elimine el nombre de Dios del Congreso. ¿Qué más se podría esperar de ella?. En algo creo que tiene razón sin saberlo. Un acto de coherencia sería eliminar toda alusión a Dios en el Congreso, donde en realidad se legisla contrariamente a los preceptos de Dios, osea no seguir usando el nombre de Dios en vano.

Me explico: es una vergüenza comenzar las sesiones en nombre de Dios, si se legisla y la mayoría de los parlamentarios viven y piensan dando la espalda a Dios. Esa coherencia debería alcanzar incluso al partido que aun usa la sigla DC, que si la honestidad les alcanza deberían ser sólo los D.

Me parece que la clase política aun no se ha dado cuenta, lo mismo que una parte politizada de la iglesia, que la ciudadanía espera un poco más de coherencia y respeto pues al fin de cuentas ya no nos pueden engañar más.

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