Oración: La postura del corazón

Cómo deberíamos orar? De Rodillas, de pie, sentado, postrarse? ¿Debemos orar en voz alta, en forma de canto o en silencio? Las instrucciones más específicas que recibimos en las Escrituras se refieren al contenido de nuestras oraciones, no a la forma exterior de esas oraciones. En Mateo 6, cuando Jesús instruye a los discípulos a orar, él aborda brevemente la entrega de oraciones, recomendándoles que no “uséis vanas repeticiones” o que busquen la atención de los demás. La mayor parte de la instrucción de Jesús viene en una oración ejemplar que incluye los elementos clave de la adoración, la sumisión, la súplica, y la confesión.

Mientras que Jesús nos instruye en el contenido de las oraciones, la Escritura proporciona ilustraciones de las posturas que podríamos asumir durante la oración: de pie, de rodillas, haciendo una reverencia, levantando los ojos al cielo, postrado, y levantando las manos. De hecho, la exhortación del apóstol Pablo de “oremos sin cesar” requiere una cierta flexibilidad, porque si la oración es un aspecto continuo de nuestro ritual diario, entonces tenemos que estar preparados para orar mientras estemos de pie, caminando, o acostado en la cama.

La tradición teológica reformada pone especial énfasis en el contenido de nuestras oraciones y nuestras actitudes. La postura de nuestros corazones está por sobre la postura de nuestro cuerpo. Este énfasis es bíblico, y tiene sus beneficios particulares. Entiendo que soy libre para estar en comunión con mi Salvador postrado en la oscuridad, en un momento de ocio en clase o caminar a través de una pradera cubierta de hierba. Si yo estuviera paralizado, aun así tengo la libertad de adorar, a clamar a mi Salvador. La Escritura enumera muchas razones por las cuales nuestras oraciones pueden surgir, el pecado no confesado, o discordias familiares, en el fondo todo lo que se refiera a la condición de nuestros corazones, no cuerpos.

Así como nosotros oramos con la actitud más casual, uno tiene que preguntarse si perdemos algo cuando minimizar la importancia de la postura física. Sería un grave error negar que nuestros cuerpos tienen un significado moral. La Escritura nos dice que se nos dió cuerpos físicos con un propósito. Nuestros cuerpos están clasificados como instrumentos de culto: “… nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo”, escribe el apóstol Pablo. El paradigma del cuerpo-como-templo tiene profundas implicaciones para la oración.Al igual que un templo, el cuerpo es el lugar físico en el que rinde culto a nuestra alma.

Las posiciones de nuestros cuerpos no pueden obstaculizar nuestras oraciones, pero pueden alterar el estado de nuestro corazón. “Hay pensamientos que son oraciones. Hay momentos en que, sea cual sea la postura del cuerpo, el alma está de rodillas “, escribe Marius a Cosette en la obra Los Miserables de Víctor Hugo. Marius es correcta. Hay momentos en que podemos orar sin inclinar la cabeza o sin doblar las rodillas. Sin embargo, si este tipo de oración se vuelve demasiado habitual, que efectos nocivos puede tener.

En la Ciudad de Dios , Agustín llegó a conclusiones morales a partir de la postura física de un ser. Él escribe: “Los cuerpos de los animales irracionales se doblan hacia el suelo, mientras que el hombre fue hecho a caminar erguido, con los ojos puestos en el cielo, como para recordarle mantener sus pensamientos en las cosas de arriba.”

La ciencia moderna lo confirma. Amy Cuddy, investigador de la Universidad de Harvard, ha publicado una serie de estudios que muestran una relación causal entre las posturas físicas y reacciones bioquímicas. La adopción de una postura física dominante, por ejemplo, puede aumentar los niveles de testosterona y disminuir el cortisol en tan sólo dos minutos de tiempo. Algo tan simple como las manos en las caderas de pie por unos momentos pueden cambiar el equilibrio hormonal y nos inclina hacia la confianza y audacia.

Esto es exactamente,  de manera que la idea de que el cuerpo físico podría reflejar o indicar el estado espiritual o mental de nuestra postura durante la oración. Así como una iglesia o sinagoga podrían estar adornados de manera diferente para reflejar diferentes fiestas o para conmemorar bendiciones particulares, podríamos adoptar diferentes tonos físicos para subrayar la intención o el corazón de nuestras oraciones. Por ejemplo, inclinar su cara delante de un rey significa el completo control que este tiene sobre su vida. Postrarse ante la cruz refleja nuestro reconocimiento de la omnipotencia de Dios. Cuando escondemos nuestra cara de vergüenza, levantamos nuestras manos en la alegría, o inclinamos nuestras cabezas en la contrición. Orar de rodillas es una confesión tangible del señorío de Cristo.

No hay ningún requisito bíblico para que nos inclinemos o arrodillemos cuando oramos y tampoco es una carga para la conciencia de los que están en condiciones de hacerlo. Además, no debemos adoptar una postura de oración únicamente para llamar la atención (en Mateo 6, Jesús condena a los que oran públicamente exclusivamente para ser visto orando). Pero elegir arrodillarse afirma nuestra presentación cuando nuestros corazones se esfuerzan por hacerlo, e inclinando la cabeza puede reflejar el honor debido a Dios en su santidad. Alégrate en la libertad y ora sin cesar, pero mientras lo hace, tenga en cuenta cómo su postura refleja su corazón.

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