Para Dios, todos cuentan

Rev. Andrés Casanueva

Ataques terroristas en París, y el mundo llora. Todos solidarizan y sufren. Aunque las muertes provocadas por estos cobardes atentados estén lejos de ser las únicas o las más dramáticas de los últimos tiempos. De hecho, los ataques, independientemente de sus responsables (sea el Estado Islámico, Al Qaeda, Boko Haram, la CIA, o un Gobierno de turno), han cobrado la vida de miles de personas, incluyendo niños; sólo este año hemos sido testigos de atentados con consecuencias fatales en Siria, Túnez, Kenia, Turquía, Tailandia, Kuwait, Somalia, El Líbano, Dinamarca o Nigeria. Varios aviones comerciales derribados, así como cientos de miles de desplazados que buscando refugio han muerto en trágicas consecuencias. Y que decir de cristianos que han sido torturados y asesinados por su fe, que nadie cuenta.

¿Cuantas lagrimas y espacio en medios de comunicación han movilizado estas tragedias?

Realmente, muy pocas. Y las organizaciones ligadas a la protección de los derechos humanos han levantado su voz sólo para denunciar la muerte de algunas de esas víctimas, por cierto, las proclives a sus “ideologías”. Para estas organizaciones muchos no cuentan.

Y lo quieran o no, su acción directa o su silencio les hace cómplices.

¿Y qué de algunos gobiernos que aprueban “acciones de resguardo”, las redes sociales y movimientos de solidaridad? Los ajenos a sus ideologías, aun siendo víctimas no cuentan.

Y para usted ¿Qué víctimas cuentan? He oído a muchos tratar de empatar el dolor y la pérdida de una manera descarada, dejando de lado algunas de las victimas o no importándoles por no ser afines a sus “posiciones” doctrinarias.

Debo decirle que para Dios todas las víctima cuentan. Ya sea que vivan en París o en la Araucanía; sean devotos cristianos, piadosos musulmanes, indígenas animistas o ateos de buena voluntad. Todos cuentan y ninguno queda exento del regalo de su gracia y misericordia por medio de Aquel que fue la mayor víctima de la historia humana y que voluntariamente se entregó por todos ellos, incluso por los victimarios.

Sólo el día que la humanidad logre reconocer que para Dios todos cuentan, y que su creador estuvo dispuesto a sufrir como víctima de su propia creación, podrá mirar a Dios como Padre y al extraño como hermano. Sólo entonces la violencia estará cerca de acabar.

Pero siendo honesto, no veo que el odio disminuya, pues para la mayoría de las personas en este mundo quien en realidad no cuenta es Dios, aunque digan actuar “valientemente” en su nombre.

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