Privilegiados: Hoy, al igual que ayer.

En los días del Nacimiento de Jesús, había mucho ajetreo de gentes.

La promulgación del edicto de Augusto César para que se realizara un censo provocaba un caos no menor para los habitantes de la región. El empadronamiento se realizaba en la ciudad de cada uno. Imagine usted, que tal hecho ocurriera en nuestros días, tendría que viajar a la ciudad de nacimiento, los transportes y carreteras colapsarían, en los restaurantes y hotelería pasarían las mismas situaciones. Los centros periodísticos estarían transmitiendo tales noticias, las estadísticas del censo, el proceso y los beneficios e inconvenientes. Puede imaginar el caos que podría llegar a producirse aún en nuestros días con toda la tecnología existente y los medios a disposición.

Pues bien, en medio de esta realidad, nace un niño en un pequeño lugar, alejado de los centros urbanos más importantes, con no más de unas 2.000 personas. En un pesebre, en una cuna improvisada.

Esta es la portentosa entrada de Dios a la humanidad, un niño recién nacido. No es un niño prodigio que sale hablando y caminando inmediatamente, no es un niño como cualquier otro. Es el niño Dios, Dios con nosotros. Del todo maravilloso. En medio del ajetreo del Gran Imperio Romano, de plena grandeza,  de unos de los más poderosos, disciplinados y despediados ejércitos que la humanidad ha conocido surge la figura del recién nacido cuya recepción es anunciada a un humilde grupo de pastores de Belen.

Son ellos, estos pastores los privilegiados de presenciar y ser avisados del nacimiento de que en la ciudad de David, un Salvador ha nacido que es Cristo el Señor (Lucas 2:11).

No fue parte de las noticias del censo, ni tuvo un anuncio humano que llevase serle venerado o adorado por las multitudes, es un asunto privado para unos pocos humildes y para las multitudes celestiales.

GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS, Y EN LA TIERRA PAZ, BUENA VOLUNTAD PARA CON LOS HOMBRES.

Dios ha entrado en la historia de la humanidad como uno más para demostrarnos humildad, servicio y principalmente su gran Amor.

 

Hoy al igual que ayer, el mundo está afanado en sus cosas. Sólo un selecto grupo de humildes le puede ver como ha nacido el Salvador.

Sé parte de los humildes, no te afanes. Mira al Cristo Salvador, al Dios con nosotros.

Comparte con los tuyos, si haces Cena de Navidad dile al hijo más pequeño que te pregunte: ¿ Qué estamos celebrando? y tú respóndele con Amor lo que te ha sido anunciado.

 

 

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