Sabe, puede y quiere.

Rev. Andrés Casanueva – Pastor Anglicano

En la universidad tuve varios compañeros Mapuche, a quienes admiro y estimo, pues si bien en esa época tenían todo en contra para lograr una carrera, no sólo lo consiguieron de manera excelente, sino además continuaron otros estudios, algunos fuera del país. Esta semana me reuní con dos de ellos: Víctor, quien durante 8 años ha vivido en Europa y terminó allí su doctorado, y mi dilecto amigo Gustavo, quien estudió en México hace un tiempo. Nos tomamos un café y disfrutamos de la mutua compañía. Hablamos de todo para ponernos al día pues los años pasan volando, pero a la vez son eternos cuando uno está lejos de su tierra, sobre todo si se es Mapuche. Posiblemente esa es la razón por la cual Víctor aun no habiendo pisado por tanto tiempo esta tierra, nunca se desconectó totalmente, siguiendo los pormenores de la contingencia local.

Uno de los temas de nuestra conversación fue la realidad conflictiva en la que se encuentra nuestra región. Coincidimos en que las condiciones para una escalada de violencia mayor son reales, si no se arriba a un diálogo mirando un futuro en paz. Aunque con esto no nos referimos a la violencia unilateral, sino a la de las relaciones entre los diferentes actores regionales que desemboca en violencia generadora de víctimas humanas. Es urgente por tanto encontrar caminos conjuntos que nos lleven a establecer un diálogo horizontal y amplio, no la imposición centralista a la cual ya parece nos hemos ido acostumbrando.

Otro de los temas en que establecimos coincidencia en nuestra lectura del porqué no se ha avanzado efectivamente en la búsqueda de soluciones, es lo evidente en cuanto al manejo del Estado: falta de conducción y voluntad. En otras palabras, no se sabe cómo ni hacia dónde y tampoco parece que se quiere avanzar; aunque se tiene el poder para hacerlo. La mayoría son sólo palabras de buena crianza de parte de los temporales representantes del Estado chileno, aquellas que se escriben con la verborreica mano de la política, pero que se borran con el escondido codo de la ley, justicia y acción policial.

Ello me hace pensar en cuán diferente actúa Dios con el ser humano. Dios no engaña, no esconde, no hace un doble juego; Dios sabe qué hacer con su creación para que se cumpla el propósito divino, puede hacerlo (aunque no lo impone) y tiene la voluntad de hacerlo, al punto que estuvo dispuesto a sacrificar a su propio Hijo para conciliarse con cada uno de nosotros. Dios sí sabe cómo, puede y quiere reconciliarnos con Él. Dar el paso de establecer el diálogo depende de nosotros, si logramos entenderlo y miramos el futuro anhelando la verdadera paz.

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