Siendo realistas

Rev. Andrés Casanueva

Si no somos realistas no podemos ser prácticos, o sea, si no admitimos con franqueza la realidad que nos rodea (sin temor a herir susceptibilidades) y nuestra personal realidad (flaquezas y fortalezas, recursos y aptitudes, etc.) será imposible que nuestra acción logre algún tipo de transformación, a no mediar un golpe de la fortuna.

La práctica de la fe cristiana se construye sobre la base de un continuo reconocimiento de lo que somos por naturaleza y por gracia. Ser humilde no es otra cosa que ser realista; enorgullecerse es faltar a la verdad.

La Biblia nos advierte de la sabiduría falsa, esa que lleva a un estilo de vida producto de la confianza en uno mismo, lo cual promueve el autoengaño. A consecuencia de esto se perjudican relaciones humanas y se vive lleno de infelicidad y descontento, mientras se procura guardar

una apariencia de experto, muy propia de nuestra clase política, con honrosas excepciones.

Es triste ver a tantos de los que dirigen este país – de derechas, centros e izquierdas presentándose con arrogancia, explicando lo inexplicable, excusándose de manera pueril, incluso minimizando ilegalidades y dándonos ejemplos a evitar.

Una de las muestras más evidentes que tenemos de esta arrogancia es la conducta de muchas de nuestras autoridades, partiendo de la Presidenta y pasando por nuestro Intendente Jouanett, de oír sólo a quien se quiere oír; a quien les dirá lo que quieren escuchar; cayendo así en sonrisas benevolentes, encuentros e invitaciones a aquellos cercanos y que no representan

peligro argumentativo; conversaciones vacías de perspectiva e inconducentes, convirtiéndolas en una berborrea sin fin que tienen como rumbo una nebulosa, como es claro hoy en día el futuro de nuestra patria.

A todos ello, y por cierto al resto de la sociedad, aun cuando nos dé mucha vergüenza, debemos aprender a hablar la verdad acerca de nuestras emociones turbias y conducta torcida, tanto ante Dios como entre nosotros mismos. Humillarnos de esta manera no es sólo el primer paso hacia la sabiduría; también lo es hacia la liberación.

La humildad es un don de Dios, que por cierto se ofrece a todo hombre… que lo quiera recibir si en verdad tiene interés en los demás. Debería ser por tanto una prerrogativa esencial para aquellos que dicen ser servidores públicos, ¿no le parece?. Por algo la Biblia dice que el orgullo acarrea deshonra y no produce paz.

Como hijos de Dios nuestra respuesta personal en oración es “mira Señor si voy por el camino del mal, y guíame en el camino recto”.

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