¿A ti oh Dios?

Pr. Andrés Casanueva

Ya se ha establecido como tradición en nuestro país la celebración del Te Deum evangélico, siendo el más llamativo el de Santiago. Lamentablemente este evento no da cuenta de la realidad de la iglesia evangélica a lo largo del país. El show mediático, casi politizado y superficial que se desarrolla hoy en la capital, pese a las buenas intenciones de algunos, dista mucho de las celebraciones sencillas, no partidistas y de contendido más bíblico que se realizan en regiones.

Te Deum significa “A ti oh Dios”. Debería ser por tanto una celebración en que la iglesia ante todo agradece, reconoce y ruega a Dios por toda la contingencia nacional. Pero hoy esta gala se ha convertido en una serie de discursos (aun las oraciones), dirigidas más bien a las autoridades y público que a Dios.

Por ser el de mayor cobertura nacional, el capitalino está pensado en la presencia de las autoridades y las cámaras de televisión, pero no se centra en Dios, negando el sentido real que debería tener. Quizás porque desde su origen muchos lideres se rindieron ante el poder temporal, esperando recibir algo a cambio o agradeciendo por haberlo ya recibido.

Vimos por ejemplo que los aspectos bíblicos más esenciales que están siendo pisoteados por las mismas autoridades presentes, tales como la defensa de la vida, la familia, etc. estuvieron ausentes o simplemente diluidos. Sólo se hizo eco de aspectos en que de perogrullo concordamos, quizás para no molestar a las honorables, a quienes “tanto debemos”.

Al parecer muchos líderes eclesiásticos han olvidado las lecciones de la historia que nos muestran que cuando la iglesia hace venias al poder temporal deja de ser iglesia, y pasa a ser una irrelevante organización social.

En estos tiempos el rol de una iglesia profética (que poco tiene que ver con augurios), debe enfatizar lo que Dios ya ha declarado junto con denunciar de manera firme y enérgica a una sociedad e iglesia que se aleja de la voluntad del Creador. Esta denuncia debe tener como sustento la autoridad de vidas vividas acordes con el Evangelio.

Por tanto, a menos que se enmiende el rumbo, lo más sano para la iglesia y para el país sería dejar de lado los futuros Te Deum capitalinos y comenzar a hacer la tarea inconclusa que tenemos por delante. Recordemos que a Dios no le interesa ni agradan sacrificios y manifestaciones que no están basados en corazones humildes y vidas íntegras, y miradas enfocadas en la eternidad que por ello pueden ser relevantes en la temporalidad.

Cortazar, el autor argentino decía “Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo esta perdido y hay que empezar de nuevo”.

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