¿Un Futuro Esplendor?

Rev. Andrés Casanueva – Pastor Anglicano

Hace un año la presidenta expresó “Lo he dicho muchas veces, Chile no es un país corrupto”.

Tres cosas parecen no haber cambiado en ella: su ilusa lectura de la realidad; su porfía en seguir afirmando cosas para todos inverosímiles y su intento por imponer una mirada ideológica que a todas luces está afectando el alma nacional.

Ya se ha perdido la confianza en la mandataria pues es evidente que su cercanía maternal no sirve a la hora de administrar un país. Esa mirada que minimiza la gravedad de la situación se parece mucho a la de aquella cándida madre que afirma que su hijo es un buen niño, pese a que todos saben que el jovencito debería estar en la cárcel. Al minimizarla, la profundiza.

Por otra parte, muchos de los parlamentarios de la Nueva Mayoría que hoy critican al Gobierno (¡cualquiera que los escucha pensaría que ellos no son Gobierno!), expresan un encono público hacia el lucro, ese afán perverso por el dinero. Pero ellos, y no sólo los de la derecha, han lucrado por años. No tenemos que ser tan brillantes para reconocer que la política hoy es una empresa.

Al fin de cuentas parece que muchos honorables no lo eran tanto, y sus actos deshonrosos han marcado una huella que hasta uniformados están siguiendo. El sentido original de la palabra “honorable” se deriva de la acción pública ad-honorem (sin remuneración) con que los servidores ejercían su acción por el bien público, por amor al servicio que parece jamás realizarían si no recibieran millones mensuales por su “entrega abnegada y sacrificio por el bien de la patria”.

También grandes empresarios se han coludido para quitar pocas monedas -al más puro estilo del ratero miserable- de los bolsillos de quienes menos tienen, para engrosar con la suma de ello sus ya exorbitantes cuentas bancarias.

Por cierto que muchos de estos empresarios normalmente asociados con la derecha, han financiado campañas de toda la clase política, pues suponen que todo “servidor público” tiene su precio.

Eduardo Garcés, un buen amigo me recordó un texto del profeta Isaías “las armas del tramposo son malas; traman intrigas inicuas para enredar a los simples con palabras mentirosas, y para hablar en juicio contra el pobre”.

Cuánta razón tenía el profeta al ver hace 2,500 años una realidad que hoy sigue presente, pues a pesar de todo el discurso de progresismo lo que jamás mejorará será el corazón humano corrupto que corrompe todo.

Lo que hoy vemos sólo es el comienzo, a menos que pongamos atajo y reconozcamos que un país alejado de Dios (pese a los versos del himno nacional) no tendrá un futuro esplendor.

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