Una sociedad sin miedo llena de temores

La dicotomía de los temores sociales parte de algún modo con la contrariedad de que se genera por la falta de miedo, una sociedad que se desconstruye cada día y que se afecta autogenerando inseguridades y temores en la vida cotidiana.

Es común no tener miedo.

Es común ver como conductores que sobrepasan límites de velocidad, que puedan conducir ebrios.

Es común ver empresas y empresarios evadiendo o eludiendo impuestos. Es común ver a trabajadores no pagar el pasaje del transporte diario. Es común ver que cuando se tiene la oportunidad de tomar lo ajeno, simplemente se hace. Es común, es común y sí la lista sería interminable.

El mundo es de los vivos reza el dicho popular, que ebrio se conduce mejor, que la empresa tiene dinero pero yo no; todas justificaciones acomodaticias y que revelan la falta de moralidad y juicio. Pero la cuestión es que  a través de predicamentos tan básicos como estos la sociedad se acerca al abismo de no tener miedo de saltar vallas que la llevan directo al precipicio en cuyo fondo residen la inmoralidad, la falta de respeto, la injusticia, el aprovechamiento.

No tener miedo de quebrantar la ley o no tener miedo de respetar al prójimo genera caos, la individualidad es tan homogénea que afecta el comportamiento social, hiere las bases sociales. Y se cruza del no miedo al miedo en una delgada línea que es difícil definir cuando se inicia.

Juan sin miedo ya no existe

El atípico personaje del cuento de los hermanos Grimm parece extinto en una sociedad que se debate en sus propios miedos, consecuencia de la misma falta de temor. Entonces, surge esta dicotomía pues el no miedo enfrenta el miedo como si se mirase al espejo. Pues estas transgresiones afectan al prójimo, al individuo. Las sensaciones de inseguridad, injusticias, aprovechamientos en todos los estratos de la sociedad la hacen ingobernable pues todos faltan a los cánones establecidos.

Cuando cruzas la legalidad e instalas el yo primero no ves al prójimo.

Cuánta necesidad existe hoy en nuestras vidas, una tranquilidad espiritual, emocional, física y económica. Las nuevas legislaciones dan excelencia al “yo”, porque no importa cuanto transgredimos si es hora de exigir derechos tales como mi propia libertad de decidir sobre temas tan cruciales como la vida y la muerte.

Evitar la corriente de este mundo

No olvides que estamos en el mundo, pero no somos del mundo y que nuestra búsqueda está en el reino de los cielos de las cosas eternas y lo accesorio es dado por añadidura.

Este principio de reconocimiento nos permite encontrar en Dios la vida en la cual debemos dirigirnos. está demás entrar en detalles, pues aunque la gente dice malo a lo bueno, y bueno a lo malo el hombre sabe exactamente que sus accciones le llevan por un camino cuyo destino al menos atisba.

Ser cristianos, “carta blanca sin doblez” es esta sociedad es una verdadera proeza. Más es fácil cuando lo tienes claro y los fundamentos del ejemplo de Cristo tienen una raíz sólida en tu propia vida.

La invitación es reflexionar nuestro transitar diario, que nuestra vida sea en continuo culto a quien nos creó y rescató para vida eterna y que podamos compartir el evangelio de la buena nueva, de la noticia alegre de vida eterna, del regalo que Dios nos ofrece.

Se vienen tiempos difíciles, pero no podemos callar aquello que nos ha sido dado. Más bien, proclamamos con denuedo las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a la luz.

 

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